La meteorología ayudó como nunca a congregar vecinos y forasteros para gozar de la gastronomía y la artesanía de época en el casco histórico y alrededores. Miles de choripanes y filloas desfilaron por sus callejuelas, abarrotadas casi a todas horas y animadas por músicos y toda clase de personajes para la ocasión. Duendes, brujas, zancudos, druidas, hadas, bailarinas y hasta seres del averno aderezaron el Real Mercado y la zona gastronómica.