El entrenador vigués acusado de abusar de una niña de 16 años: «No creí que cometía un delito, el temor era la repercusión social»
La Fiscalía rebajó su petición de 13 a 6 años al abonar 35.000 euros de cara a una responsabilidad civil
El acusado dice que los encuentros sexuales eran «consentidos»

Un momento de la vista celebrada esta mañana. / E. P.
El entrenador de fútbol femenino acusado de abusos sexuales a una jugadora entonces menor de edad y a la que le sacaba 34 años, afirmó que las relaciones con ella eran «consentidas». El hombre admitió haber mantenido encuentros sexuales con la adolescente cuando esta ya había cumplido los 16 años, concretamente «mes y medio después», aunque lo ocultó a su entorno —estaba casado y tenía dos hijas adolescentes— por la «repercusión social».
«No creí que cometiese un delito porque las relaciones fueron mes y medio después de los 16 años, el temor era a la repercusión social», indicó el acusado este jueves durante su declaración ante la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra, con sede en Vigo.
La Fiscalía, en sus conclusiones, rebajó su petición de condena para el entrenador vigués de los 13 años iniciales a 6 tras haber consignado 35.000 euros para hacer frente a una posible responsabilidad civil en caso de condena. Le atribuye un delito continuado de abuso sexual a menor de 16 años; y otro continuado de abuso sexual a menor de 18 años, con pena de 3 años, 6 meses y un día de prisión. Por su parte, la acusación particular demanda penas que suman 17 años de cárcel por dos delitos continuados de abuso sexual con prevalimiento, y una indemnización de 30.000 euros. La defensa pide la libre absolución.
El acusado explicó que la menor utilizaba el «chantaje» y las «amenazas» para obligarlo a mantener esos encuentros, lo que se sumaba a que él atravesó momentos personales complicados por el fallecimiento de su madre y de un amigo. «Lo paré 3 o 4 veces pero ella insistía de una manera exagerada. Se empoderó y al final la recogí y, por miedo, y pasamos la noche juntos», justificó el acusado, que entrenó en varias ocasiones a la niña.
Recalcó durante toda su intervención que era la niña quien le escribía, «la que me reclamaba un mimo; me proponía vernos» y que al final, él se iba con ella por insistencia. La relación se terminó en marzo de 2022, dos años después según el acusado, cuando la propia joven llamó a su esposa para desvelarle su relación.
Estrés postraumático
En cuanto a las secuelas de la víctima —que declaró a puerta cerrada— la psicóloga privada que trató a la entonces menor y las médicos del Imelga confirmaron el estrés postraumático de la joven tras los hechos.
«Nos dijo que restringía la comida y hacía mucho deporte para no tener curvas, para no identificarse con una mujer», señalaron las profesionales, coincidiendo además de que la víctima tenía miedo «a no ser creída».
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