Galicia ha dejado atrás un invierno más lluvioso de lo habitual. Esto ha permitido elevar la ocupación de los embalses de abastecimiento de agua a su mayor nivel en quince años. Presas como la de Pontillón do Castro, que nutre al área de Pontevedra, o las de Eirás y Zamáns, que suministran a Vigo, rozan prácticamente el lleno. Ante esta situación la Xunta afronta el verano relativamente tranquila, aunque advierte que todavía falta mucho y tampoco se pueden echar las campanas al vuelo. En los últimos veranos ha sido necesario decretar prealertas o alertas por sequía en algunas zonas ante el riesgo de escasez de agua. «La situación de partida es buena pero no podemos aventurarnos a hacer estimaciones pues estamos hablando de un periodo muy largo de tiempo y pueden cambiar mucho las condiciones meteorológicas y climáticas en los próximos meses, lo que será determinante en la existencia o no de episodios de sequía», advierte la Consellería de Medio Ambiente. De hecho, la Aemet pronostica una primavera seca. Según los meteorólogos, hay más posibilidades de que Galicia tenga menos días de lluvia o con menor intensidad que la media del período de referencia. A pesar de ser la comunidad de los mil ríos, en los últimos años Galicia no se está librando de episodios de sequía que han llevado incluso a aplicar restricciones de agua en algunos ayuntamientos. Si ir más lejos el pasado verano se decretó la prealerta en el río Lérez, aunque fue peor la escasez de agua registrada en 2023 que se alargó hasta bien entrado el otoño. Sin embargo, ahora la comunidad entra en la primavera con sus reservas de agua casi al completo. Los embalses de abastecimiento se sitúan en el 88,5 por ciento de su ocupación. Son dos puntos y medio más que el pasado año por esta misma época. Y echando la vista atrás hay que remontarse hasta 2009 para encontrar las presas para abastecimiento tan llenas. El embalse de Beche, que suministra agua a Abegondo, está ya al cien por cien. Y roza el lleno el de Eirás (99,8 por ciento), Pontillón do Castro (98,6 por ciento) y Zamáns (97,6 por ciento). También supera el 90 por ciento de ocupación la presa de Baiona (94,1 por ciento). Por encima del 80 por ciento están el embalse de Cecebre, que abastece a A Coruña (84,2 por ciento), el de Forcadas, que da servicio a Ferrol (84,3 por ciento) y el de Vilagarcía (89,4 por ciento). La única excepción a estos altos niveles de ocupación es la presa de Caldas de Reis, que nutre de agua al área de O Salnés, y que se encuentra al 61,2 por ciento. Las lluvias de los últimos meses han sido un factor clave. Galicia registró un otoño climatológico húmedo con una precipitación media acumulada de 489 litros por metro cuadrado, lo que representa un 18 por ciento más que lo habitual. Los valores estuvieron muy por encima del esperado debido a las lluvias generalizadas y persistentes de septiembre y octubre, que fueron muy húmedos. Pero el invierno que se acaba de cerrar también ha sido más húmedo de lo habitual. Se registró un promedio de 521 litros por metro cuadrado, un 17 por ciento más que los valores normales. En todo caso, la Consellería de Medio Ambiente aclara que las precipitaciones influyen «en gran medida» pero no son el único condicionante. «Hay otros factores que inciden en las reservas de agua como una mayor radiación solar y además las temperaturas altas incrementan las pérdidas por evaporación del embalse», explican desde la Xunta. Además , aclaran que cada embalse tiene sus peculiaridades. ¿Y qué pasa si estos embalses se llenan y no cabe más agua? La Consellería de Medio Ambiente aclara que no hay un protocolo de vaciado de estas presas pero sí unas normas de explotación y unos planes de emergencia que son los que garantizan que esas infraestructuras se explotan en condiciones de seguridad.